Sufrimientos del alma
"Sentimientos"
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bulletBaja estima
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 Baja estima

bulletComo recuperar la Autoestima?
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 Como recuperar la autoestima

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Crueldad
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Envidia
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Ilusión
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Inseguridad
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Irresponsabilidad
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bulletLa Pena
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La Pena

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Miedo
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Orgullo
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Preocupación
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Rigidez
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El Vicio
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El Vicio

 

 

baja estima

El complejo de inferioridad consiste en un conjunto de ideas que nos fueron recalcadas en el inconsciente desde niños, en la tierna edad, asociadas a las ya existentes en las experiencias obtenidas en vidas anteriores. Él actúa sobre la conducta humana provocando sentimientos gratuitos de culpa, excesiva carga emotiva relacionada con pensamientos de baja estima, frecuente sensación de inadaptabilidad y constante frustración, proveniente de la desvalorización de la capacidad y habilidad personal.
    
El sentimiento de autocompasión nos puede trasformar en enfermos físicamente. Una especie de “invalidez psíquica” que nos perjudica en esta existencia y a partir de ahí nos sentimos inferiores e incapaces, llevándonos a una perdida total de la confianza en nosotros mismos.
    
La compasión aquí referida es el sufrimiento moral de pesar o aflicción que sentimos por el autocastigo. Tener pena o dolor, en muchas circunstancias, puede no ser un sentimiento verdadero, pero si una obligación social aprendida, a ser demostrada delante del infortunio ajeno. En tanto, la sensación que experimentamos de amor, plena de respeto y afección por los otros nos revela los reales sentimientos denominados de benevolencia y compasión.

    
La baja estima u autocompasión puede llevarnos a ser víctimas de nosotros mimos, pues estaremos somatizando esas emociones negativas en formas de enfermedades. Los síntomas de la enfermedad pueden ser considerados la forma física de expresar una actitud interna, también un conflicto. Por lo tanto, enfermos no son solamente las víctimas inocentes de alguna desarmonía de la naturaleza, pero sí los facilitadores de su propia molestia.
     El acontecimiento en si mismo, nunca tiene mucho sentido, precisamos aprender a discernir lo que hay por detrás del aspecto físico, o sea, alcanzar el contenido metafísico de las cosas. La importancia es el mensaje de un hecho o de un acontecimiento que solamente aparecen clarificados cuando interpretamos su significado; es eso que nos permite la comprensión completa del sentido que esto tiene.
    
Cuando dejamos de interpretar lo que nos ocurre en la vida y el segmento natural que implica su destino, nuestra existencia bucea en una total falta de sentido.
    
La enfermedad siempre tiene una intencionalidad y un objetivo surgiendo en las criaturas de baja estima a fin de alertarlas de que existe una descompensación psíquica (su sentido de inferioridad) y de la necesidad de armonizarla.
    
El sentimiento de inferioridad o de baja estima asocia alas criaturas a una resignación exagerada, a un autodesligación o descuido de las cosas personales. La perdida del sentido de autovalorización es también consecuencia del sentimiento de inferioridad, que remite a los individuos a vivencias entre “hábitos cronometrados” y a una “mecanización de las costumbres”.
    
Aquí están algunas afirmaciones que si las observamos con atención, podrán ayudarnos a reconquistar la autoconfianza perdida:

        Somos potencialmente capaces de tomar decisiones sin tener que recurrir a interminables consejos.
       
Poseemos una individualidad divina completamente distinta ala de los otros.
       
Hacemos las cosas porque nos gusta y no para agradar a otras personas.
       
Encontraremos siempre nuevas relaciones; por eso no tenemos miedo de ser abandonados.
        Usaremos constantemente de nuestro buen sentido; por lo tanto las críticas y las desaprobaciones no nos alcanzarán con facilidad.

       
Tomaremos nuestras propias decisiones, respetando también la de los otros.

      Es esencial que recordemos siempre que es posible alterar o transformar nuestro “estilo de vida”. Por lo tanto, no dudemos de nuestras aptitudes y vocaciones naturales, ni cuestionaremos sistemáticamente, nuestras fuerzas interiores. Para obtener autoconfianza solamente es preciso reivindicarnos, valerosamente lo que ya existe en nosotros por derecho divino.
   Como recuperar la autoestima?

A QUÉ LLAMAMOS AUTOESTIMA? El Autoestima es quererse a uno mismo y querer a los demás. Significa saber que eres valioso (a), digno (a), que vales la pena y que eres capaz, y afirmarlo. Implica respetarte a ti mismo y enseñar a los demás a hacerlo

¿DONDE SE ORIGINA LA BAJA ESTIMA? En lo que nos rodea, a medida que nos desarrollamos desde que somos niños, la sociedad nos enseña a poner "etiquetas" de lo que esta bien y de lo que no está, en muchos casos, sin tener en cuenta los verdaderos valores que como seres humanos debemos practicar.

¿CÓMO RECUPERAR EL AUTOESTIMA? BUSCA DENTRO DE TI:

ESCÚCHATE A TI MISMO MAS QUE A LOS DEMÁS: Analiza con cuidado las opiniones de los demás sobre ti, tú y solo tú eres quien debe tomar la última decisión acerca de ti.

CONVIERTE LO NEGATIVO EN POSITIVO: Nunca pierdas las ganas de pensar en positivo, invierte todo lo que parezca mal o que no tiene solución, ejm:

MENSAJES NEGATIVOS CONVERTIDOS EN AFIRMACIONES "No hables" "Tengo cosas importantes que decir" "¡No puedo hacer nada!" "Tengo éxito cuando me lo propongo" "No esperes demasiado" "Haré realidad mis sueños" "No soy suficientemente bueno" "¡Soy bueno!"

DATE UNA OPORTUNIDAD Y RECONOCE TUS CUALIDADES: Puedes pensar en 5 ejemplos que te hace especial. P. ejm: Soy sincero, mis jefes siempre confían en mí, amigable, me encanta bailar, experto en la cocina. Siempre tenemos cualidades en que podemos destacar, algunas hasta el momento ni siquiera las hemos descubierto.

ACÉPTATE TAL COMO ERES, SIN APROBAR DENTRO DE TI LOS COMPORTAMIENTOS BAJOS: La aceptación es la base de la seguridad, la confianza, el amor y el autoestima. Aceptarse a sí mismo implica conocerse, que importa si el lunar que tienes en la cara no "le guste" a los demás, analiza el resto de las partes de tu cuerpo y verás que ellas están funcionando bien. Me debo comportar a mi manera siempre que ello no moleste a los demás.

ACEPTA TUS SENTIMIENTOS: Cuando alguien te hace una broma, sonríe. disfruta prácticamente de todo. Y si a veces hay cosas que te puedan poner triste, piensa que eso tendrá que pasar porque la vida se a inventado para vivirla lo mejor que podamos.

CUIDA DE TI MISMO (A): Aprende a ser independiente y a no depender de los demás. Las parejas sobreviven mas tiempo cuando ambos tratan de ser lo mas independientes el uno del otro.

 ATIENDE TUS NECESIDADES: Alimento, agua, vestido; seguridad y cobijo; querer y pertenecer; autoestima y la autorealización. De vez en cuando no estaría mal que te dieras el gusto de ir a lugares que son una postergación para ti, aunque resulten caros, pero atiende tus necesidades, si una de ellas es comerte un plato exótico que solo lo encuentras en algún restaurante caro, hazlo aunque sea una vez en meses, pero date ese gusto. No debemos postergar el presente si para ello no hay una razón importante.

 ALIMENTA TU CUERPO ALIMENTA TU ESPÍRITU: La salud mental y física caminan de la mano. Salud mental es estar sonriente, es llegar a tiempo, es evitar la tristeza, es sentirse cómodo en cualquier momento. La salud física esta relacionado con la práctica de un estilo de vida saludable: No drogas, "comer para vivir y no vivir para comer", y la práctica de un deporte sano. La risa es uno de las formas de tratamiento en algunos hospitales.

MANTENTE EN MOVIMIENTO: El ejercicio te hace sentir bien, las "endorfinas se elevan con la práctica del ejercicio", y nos sentimos bien. No esta demás el gimnasio, los aeróbicos, la natación, algún deporte de competencia, o simplemente salir a caminar.

DEJA DE HACERLO: Deja de usar sustancias psicoactivas (drogas). Si consumes alcohol hazlo con moderación. Si fumas deberías dejar de hacerlo. Ahora existen terapias antitabaquismo de mucho éxito nunca es tarde para empezar una vida sana. El autoestima es quererse a uno mismo, y quererse a uno mismo es optar por una buena salud.

EXAMINA TUS VERDADES: Piensa que en un accidente de tránsito donde hubo muchos testigos, probablemente cada uno de los testigos de una versión diferente; ¿cuáles son tus primeras decisiones o "verdades que recuerdas haber tomado en la vida?... ¿cuáles son tus creencias respecto del amor?, ¿de los niños?, ¿de la autoridad?, ¿de Dios?, ¿de los políticos?. Siempre serán tus interpretaciones de la realidad…puedes cambiarlas…

 LA VERGÜENZA: La vergüenza es un sentimiento profundo que te inmoviliza. Los mas desvergonzados son los niños. La vergüenza deriva en debilidad, incompetencia, incapacidad; entonces?....

EL AMOR DENTRO DE TI: Tienes unos segundos para pensar en tu primer amor..., te recuerdas aquello?, pero me temo que los recuerdos que tengas no hayan sido de tu primer amor, es que el primer amor es uno mismo, si quieres que la gente te quiera, te respete, te de amor,... primero ámate a ti mismo e irradia felicidad. Cuando estés frente a un espejo simplemente sonríe. La felicidad nace de uno mismo, y puede nacer hasta de las pequeñas cosas que a ti te suceden, es cuestión de aprender a sentirla.

DESCUBRE Y DISFRUTA LAS PARTES QUE TE FALTAN: Cada persona tiene distintos aspectos del Yo. Algunos son visibles, otros no lo son. Si tengo miedo para hablar en público es una debilidad, si dejo el miedo se convierte en una fortaleza. Quizá tienes habilidades para la pintura y hasta ahora no lo sabes. El hombre nunca termina de aprender.

PENSAR EN TODO O EN NADA: No debemos pensar en que todo es blanco o es negro, eso te crea ansiedad. Nadie es perfecto, porque todos somos diferentes, algunos tenemos unas cualidades en las que destacamos mejor que otros.

ALIVIAR LA TENSIÓN: El estrés es una epidemia en estos momentos, como aliviarlo? pasa algún momento a solas durante el día, tomate unas mini-vacaciones durante el día, e imagina que estas en una playa maravillosa. Duerme lo suficiente. Practica algún deporte.

 RESPIRA: Cuando tengas una preocupación respira profundamente y plantea soluciones.

ABANDONA LA IRA: La ira es un momento de locura. En relación a la ira, mas que saber enfrentarla, es aprender a no sentirla. Antes de llegar a ponerte de cólera, piensa si merece la pena; cuenta hasta diez y respira profundamente.

ELIGE TUS MOMENTOS: Cada ser humano tiene derecho a elegir el momento de estar en soledad y el momento de estar con los amigos, con el novio (a), con el esposo (a), o con los familiares; se tú quien debe decidir, sin que ello lleve a algún enfrentamiento.

BUSCA FUERA DE TI:

LA CONFIANZA: Cuando nos perciben como dignos de confianza, los demás estarán dispuestos a ser honestos y abiertos con nosotros. Di elogios con honestidad. Acepta y respeta las diferencias. Respeta tus fronteras y las fronteras de los demás.

JUEGA MAS: Haz del momento de la diversión una prioridad, hoy y todos los días. Es bueno jugar con los niños algunas veces. Motívate con el trabajo que realizas, ríete de ti mismo si quieres, ríe en soledad... reír en soledad no es una locura cuando uno es conciente de lo que le motiva reírse.

APRENDE A ESCUCHAR DE VERDAD: La mayoría de las personas creen saber escuchar, sin embargo muy pocas saben hacerlo de verdad. El mejor conversador es aquel que sabe escuchar de verdad.

DEJA DE HACER COMPARACIONES: Ni de tú mismo con otras personas. Ni de las personas con las demás.

 PERDONA Y OLVIDA: El perdón no excusa el comportamiento. No significa la aprobación. Más bien implica estar dispuestos a ver con compasión. La persona que te hizo daño probablemente hizo lo que hizo por su propia debilidad y sus limitaciones.

ALARGA LA MANO Y CONECTA: Haz una lista de las personas mas importantes en la vida ¿saben ellas lo importante que son para ti?, ¿cuándo fue la última vez que la escribiste o lo llamaste? Encuentra un interés común con gente que sea importante para ti. ESTABLECIENDO LAS FRONTERAS: Pide permiso antes de traspasar las fronteras, debes tener que todas las personas tienen un mundo interior que debemos respetar y que no debemos traspasar a memos que ellas nos lo permitan.

RESPONSABILIDAD-LA TUYA, LA MIA Y LA NUESTRA: Responsabilidad significa estar dispuestos a responder y ser capaces de hacerlo. Si algo no sale bien, distingue en lo que es tu responsabilidad y la de los demás.

NOTA LAS CONEXIONES: Alargar la mano y conectar con otras personas nos proporciona una sensación de bienestar y de apoyo. El buen humor y el trato agradable nos permitirá llegar a mas y ganar mas amigos.

EN EL TRABAJO: Es bonito trabajar en equipo pero con independencia, el éxito tuyo será el éxito de todos y te sentirás a gusto en lo que forma parte de tu vida cotidiana, el trabajo.

ASPIRA A LO MAS ALTO Y PLANIFICA EL PRESENTE: "Lo mas importante es vivir el presente, el pasado únicamente sirve para no volver a cometer los errores que has tenido, el futuro es el presente que vivirás cuando ese día llegue"

ENCUENTRA LA FUENTE: La fuente esta en uno mismo. Todos los días tiene lugar algún milagro que ni siquiera reconocemos: un cielo azul, unas nubes blancas, unas hojas verdes, los curiosos ojos negros de un niño. Puedes desarrollar una práctica espiritual que te mantenga en el camino día a día. Es bueno disfrutar hasta de las pequeñas cosas que te da la vida.

ABANDONA EL PERFECCIONISMO: No es fácil ser perfecto, cuando únicamente eres un ser humano. Los perfeccionistas siempre buscan algo que este mal y lo encuentran y luego se sienten traumatizados por ello. Por tanto hay que tener prioridades y ordenarlas según lo que sea mas importante para tí.

VALORA TUS TRIUNFOS: En nuestra sociedad de ganar-o-perder, la mayoría de las personas pasan un montón de tiempo sintiéndose perdedoras. Escribe tus 10 éxitos del día anterior. Percibe como sigues mejorando. Aprecia y celebra tu progreso.

REINCIDIR: El éxito es levantarte más veces que las que caes. El éxito es el fracaso al revés, es el matiz plateado de esa nube incierta, que no te deja ver aún estando cerca.

PROTEGE TU AUTOESTIMA: En el mundo todos pensamos diferente y a veces quisiéramos que nos entendieran tal y como somos o queremos, busca mejor aprender a entender a la gente, que buscar que la gente te entienda.

 ACEPTA LA OSCURIDAD: Aprende a sentirte mas cómodo con la incomodidad. Es importante ser curioso y experimentar cosas nuevas cada día. No temerle al fracaso te ayudará a decidir.

PONTE METAS Y REALÍZALAS: Enumera las áreas importantes de tu vida: la familia, los amigos, la carrera, la economía, lo personal. Luego imagina que te gustaría tener en cada categoría y escríbelo. Por último, pon una fecha en cada punto. Una meta es un deseo con una línea de tiempo.

 "Nunca nadie es tan pobre para no poder regalar una sonrisa, ni tan rico para no querer recibirla"... La vida es rara con sus vueltas y tumbos, como todos muchas veces comprobamos, y muchos fracasos suelen acontecer, Aun pudiendo vencer de haber perseverado no te rindas aunque el paso sea lento. El triunfo puede estar a la vuelta de la esquina. El triunfo es el fracazo al revés; Es el matiz plateado de esa nube incierta que no te deja ver su cercanía... ... Aun estando bien cerca! Por eso, decídete a vivir sin duda, Porque en verdad, cuando todo empeora, El que es valiente, no se rinde, VIVE! Autor: Dr. Amilcar Rios Reyes

Edición: Semillas de Luz Network

Crueldad

De todas las violencias que padecemos, las que hacemos contra nosotros mismos son las que mas nos hacen sufrir. En esta crueldad no se derrama sangre, solamente se construyen cercas y cercas, que pasan a sofocar y a afligirnos por dentro.
La autocrueldad es sin duda, la mas disimulada de todas las opresiones. Aquellos que buscan incesantemente satisfacer y agradar a todos, reciben  los aplausos y las consideraciones de muchas personas, pero viven  enmascarados por una falsa atmósfera, donde demuestran virtudes que en realidad, no poseen. Por buscar elogios constantes, coleccionando reverencias y sonrisas forzadas, acaban pagando un precio muy alto por eso: pasan a vivir distantes de si mismos.
La causa básica del “autotormento”, consiste en algo muy simple, vivir la propia vida en los términos establecidos por la aprobación ajena. Para vivir bien con nosotros mismos, es preciso establecer padrones de autorespeto, aprendiendo a decir “no se”, “no comprendo”, “no concuerdo” y “no me importa”.
Las criaturas que buscan adulación y exaltación se martirizan para no cometer errores, pues la censura y el desprecio son lo que mas las atemorizan. Se olvidan de que los errores son formas muy significativas de aprendizaje, que hacen que tengamos la oportunidad de asumir la responsabilidad por nuestro desacierto y desconformidad, asimilando la enseñanza de la lección vivenciada.
Quien busca crédito y popularidad, no juzga sus comportamientos por si mismo, pero busca ansiosamente, los aplausos de los otros olvidando que si opta por vivir y seguir sus propios pasos, podrá hasta encontrar dificultades momentáneas, pero con el tiempo, será recompensado con un enorme bienestar y una integral seguridad de espíritu.
Estar ajeno o salir de si mismo, en el ansia de ser amado y aceptado por todos aquellos que consideramos modelos importantes, será una meta alienable e inalcanzable. El único modo de alcanzar la felicidad es vivir, particularmente, la propia vida. La fijación que tenemos en mirar lo que los otros creen o acreditan, sin poseer la real conciencia de lo que queremos, podemos, sentimos y anhelamos es lo que promueve la destrucción de nuestra vida interior, o sea, el deterioro de la propia unidad como seres humanos y por consecuencia, nuestra unidad con la vida que está en todo y en todos.
La solución para la autocrueldad, será nuestra toma de conciencia de que tenemos la libertad por “derecho que viene de la naturaleza”. Con todo, de nada nos servirá la libertad exterior, porque quien está internamente entre cadenas jamás podrá pensar y actuar libremente.

Envidia

“ El envidioso es inseguro y supersensible, irritable y desconfiado, 
observador minucioso y detective de la vida ajena hasta la extenuación, 
siempre armado y alerta contra todo y contra todos”

 Analizando los orígenes atávicos e innatos de la evolución humana, podemos afirmar que la emoción de la envidia no es una necesidad aprendida. No fue adquirida por experiencia ni por fuerza de socialización, pero es una reacción instintiva y natural, común a cualquier criatura del reino animal. El agrado y el cariño de un perro puede provocar agresividad e irritación en otro, por despecho.
 En los adultos, esas manifestaciones pueden ser disfrazadas y transformadas en actos simulados de menosprecio o de indiferencia. Los niños, por ser ingenuos y naturales, muerden, golpean, empujan, lloran y agreden.
 La emoción de la envidia en el adulto, es producto de las actitudes internas de individuos de edad psicológica bien inferior a la edad cronológica. El envidioso es inseguro y supersensible, irritable y desconfiado, observador minucioso y detective de la vida ajena hasta la extenuación, siempre armado y alerta contra todo y contra todos. Asume el género de superior, cuando en realidad, se siente inferior. Por eso casi siempre deja transparentar un aire de sarcasmo e ironía en su mirar, para ocultar a los otros su precario contacto con la felicidad.
La envidia es definida como el deseo de poseer y ser lo que los otros son, pudiendo volverse una actitud crónica en la vida de una criatura. Es una herramienta cómoda que usamos siempre que no queremos asumir la responsabilidad de nuestra vida. Ella nos hace censurar y apuntar supuestas fallas de las personas, distrayendo de nuestra mente el necesario desarrollo de nuestras potencialidades interiores. En vez de esforzarnos para crecer y progresar, denigramos a los otros para compensar nuestra indolencia y ociosidad.
La envidia y la censura nacen del auto-rechazo que tenemos con nosotros, justamente por no creer en nuestros potenciales y por buscar afuera de nosotros las explicaciones de cómo debemos sentir, pensar, hablar, hacer y actuar, dando una importancia desmedida a los otros, intentando convencerlos a toda costa de nuestras verdades.
Si tuviéramos el hábito de investigar nuestros comportamientos autodestructivos e hiciéramos un análisis de esos antecedentes en nuestra vida, podríamos cada vez mas, comprender el porque permanecemos presos en ciertas áreas perjudiciales a nuestra alegría de vivir.
 Muchos individuos no se preocupan en estudiar las raíces de sus comportamientos rutinarios, porque creen que para asumir la responsabilidad de renovación íntima, precisan depender de un enorme sacrificio. Siendo así, prefieren permanecer apegados a antiguas costumbres, valiéndose de preconceptos y creencias distorsionadas, sin darse cuenta de que estas son las matrices de sus puntos vulnerables. Para apartar todo y cualquier anhelo de transformación interior, se valen de un proceso psicológico denominado “racionalización” (artificio creado para desviar la atención de los verdaderos motivos de las actitudes y acciones) para verse libres de las “crisis de conciencia”, buscando así justificar los hechos inadecuados de sus vidas.
Solamente alteraremos nuestros actos y actitudes enfermizas, cuando tomamos plena conciencia de que son ellas las raíces de nuestras perturbaciones emocionales y de los inútiles desgastes energéticos. Es examinando nuestro día a día a la luz de las elecciones que hicimos o que dejamos de hacer, que veremos con claridad lo que somos, en la actualidad, la “suma integral” de nuestra opción delante de la vida.
El auténtico impulso natural es querer ser simplemente nosotros mismos. No forma parte de los impulsos innatos del alma humana, la pretensión de considerarnos mejor que las otras personas, lo que debemos hacer es admirarnos como somos y respetar nuestras diferencias y reconocer nuestros valores.

 Ilusión

“Censurar las emociones es ilusión; sería lo mismo que censurar la propia naturaleza”

La criatura humana modela sus reacciones emocionales a través de criterios de los otros, estableciendo para sí propia metas ilusorias en la vida. Olvidándose, entre tanto, de que sus experiencias son únicas, como también son únicas sus reacciones y de que el constante estado de desencuentro y aflicción es subproducto de las tentativas de concretar  sus irrealidades.
Constantemente creamos fantasías en nuestra mente, bloqueamos nuestra conciencia y nos recusamos a aceptar la verdad. Usamos los más diversos mecanismos de defensa, sea de forma consciente, sea de forma inconsciente, para evitar u reducir los eventos, las cosas o los hechos de nuestra vida que nos son inadmisibles.
La “negación” es uno de esos mecanismos psicológicos, ella aparece como primera reacción delante de una perdida o de una derrota. Por lo tanto, negamos, invariablemente, a fin de amortecer nuestra alma de las sobrecargas emocionales.
Cuanto más sueños ilógicos, mas crece la lucha para materializarlos, llevando ciertamente a los individuos a ser prisioneros de un círculo vicioso y como resultado, a sufrir constantes frustraciones y una decepción crónica.
Un ejemplo clásico de ilusión es la tendencia exagerada de ciertas personas en querer hacer todo a la perfección, además, querer ser el “modelo perfecto”. Esa abstracción ilusoria las coloca en situación desesperante.
Se trata de un proceso neurótico que hace que ellas asimilen cada manifestación de contrariedad de los otros como una señal de su fracaso y la interpreten como un rechazo personal.
El ser humano supercrítico tiene una necesidad compulsiva de ser considerado imprescindible. Su incapacidad de aceptar a los otros como son, es el reflejo de su incapacidad de aceptarse a sí propio. Su búsqueda enfermiza de perfección es una proyección de sus propias exigencias internas.
El perfeccionismo es por esto la más común de las ilusiones es incuestionablemente, una de las más catastróficas, cuando interfiere en las relaciones humanas, ya que una persona perfecta exigirá también compañeros perfectos. 
La conciencia humana está casi siempre envuelta por ilusiones que imposibilitan, por un lado, la capacidad de auto-percepción; por otro, dificultan el contacto con la realidad de las cosas y personas. A veces, en la denominada educación o norma social, asimilamos las ilusiones de los otros como si fueran realidades. Aprendemos, desde la más tierna edad, que ciertas emociones son malas, en tanto otras son buenas.
Importa considerar, en tanto, que las emociones son amorales y que sentirlas es muy diferente del actuar con base en ellas cuando, entonces, ahí si, pasan a ser una cuestión moral/ social. Las emociones son simplemente emociones. Es importantísimo aprender a perdonarnos y ser comprensibles, desde que hagamos aquello escogido por libre elección, no por miedo o por auto negación emocional. En la mayoría de los casos “damos la otra cara”, no por una capacidad de libre expresión y conciencia, pero usando falsas actitudes de comprensión y espontaneidad.
Para que nuestros actos y comportamientos sean verdaderos, las emociones deben ser percibidas como son  y totalmente reconocidas por nuestra personalidad, a fin de que nuestra expresión sea natural, fácil y apropiada a las situaciones.
 
Identificar una emoción es diferente de soportarla. En la identificación nos reconocemos y, a partir de ahí, actuemos o no, soportar la emoción, significa ignorarla o simplemente intentar eliminarla
Censurar las emociones es la ilusión, seria lo mismo que censurar la propia Naturaleza.
Todos los seres humanos nacen con reacciones emocionales. Encontramos en los bebes emociones de rabia cuando son impedidos de andar, pegar, jugar, o sea, moverse libremente. Verificamos también emociones de miedo cuando quedan sin apoyo, cuando se sienten abandonados o frente al barullo. En la infancia, si las emociones fueran impedidas de manifestar, irán a ocasionar serios daños en el desarrollo psicoemocional del adulto, constituyéndosele un obstáculo para actuar con auto-seguridad.
La rabia, el miedo, son emociones que proporcionan un cierto “estado de alerta”, que nos mantiene despiertos. Sin ellos, quedamos impotentes y no conseguimos proteger nuestra integridad física, ni psicológica de las amenazas que enfrentamos en la vida. Son ellas que nos orientan para la defensa o para la fuga en situaciones de riesgo. Obviamente, no estamos haciendo alusiones a las emociones patológicas e irracionales, si a aquellas que, naturales, son esenciales al crecimiento o desarrollo de los seres humanos.
L
as ilusiones que creamos nos sirven de cierta forma de defensas contra nuestras realidades amargas. Sin embargo, pueden por un lado ahorrarnos de dolores momentáneamente y por otro lado nos vuelven prisioneros de la irrealidad.
Para poseer una mente sana, es preciso que tengamos la capacidad de aceptación de la realidad, jamás huyendo de ella. No será fácil renuncia a nuestras ilusiones si no somos concientes  de que la alegría y el sufrimiento no están en los hechos y en las cosas de la vida mas, si en la forma como la mente los percibe. En cuanto usamos nuestra mente sin que ella este ligada a nuestros sentidos mas profundos quedaremos agarrados a esos valores ilusorios.

Inseguridad

“Los inseguros no escogen las leyes que rigen su conducta,
 sometiéndose a principios y personas diferentes a su modo de pensar”
 

La inseguridad trae como característica psicológica los mas variados tipos de miedos, como el de amar, el de cambiar, el de cometer errores, a la soledad, el de expresarse y el de negarse. El inseguro no confía en su valor personal, desacredita sus habilidades y desconfía de sus posibilidades de enfrentar las adversidades de la vida, lo que lo impulsa a una fatal tendencia de apoyarse en los otros.
 
El individuo inseguro, por no saber que no puede controlar a los otros y sus actitudes, crea grandes dificultades en sus relaciones, generando consecuentemente, mayores conflictos y barreras entre ellas.
 
La inseguridad-duda, lo torna una persona incapaz de sentirse lo bastante firme para actuar. Nunca posee seguridad suficiente y quiere siempre certificarse de las cosas. Es excesivamente cauteloso y vigilante, está en constante sobre aviso y desconfía de todos y de todo, por causa del miedo a las consecuencias futuras de sus acciones  en el presente.
Necesita de amor, desea consideración y busca seguridad, son deseos naturales y válidos.
Una cierta cantidad de dependencia emocional está presente en muchas relaciones, incluyendo las relaciones saludables. Efectivamente, juntos o solos, estamos siempre caminando por los caminos de la evolución.
Para avanzar por la vida de forma armónica con las personas, debemos desarrollar la autoestima, la capacidad de admitir errores, la responsabilidad de asumir nuestros actos y encima de todo, la aceptación incondicional de los otros.
La inseguridad hace de nuestras relaciones intimas, un mixto de irreflexión y precipitación, haciéndonos perder el sentido de nuestras fronteras individuales.
Parte del desarrollo de la personalidad humana es construida en la infancia. La base de muchas indecisiones ante la vida se deben a la educación autoritaria de los padres, que escogen sistemáticamente por los hijos, desde ropas, juguetes, hasta amigos, profesión y afectos. Los niños crecen dejando a parientes, profesores o compañeros que decidan por ellos sin tener en cuenta sus gustos y preferencias. Esos niños se tornarán mas tarde, hombres y mujeres sin seguridad, sin firmeza, y sin coraje de tomar actitudes ante la vida. El derecho de decidir debe ser estimulado siempre desde la infancia, pues se trata de apoyo vital en la formación de un sólido sentimiento de determinación y firmeza, que se reflejará en el adulto del mañana.
La coacción que se efectúa a nuestra libertad de conciencia perjudica la búsqueda de nosotros mismos, nuestra firmeza ante la vida, así como nos dificulta encontrar la peculiar forma de amar.
En razón de todo eso, los individuos pasan a usar una máscara de “buenitos” como medio de seducir, conquistar o conseguir disfrazar la enorme inseguridad que acarrean, pero, periódicamente, muestran de modo claro su insatisfacción interior: explotan en rabia inesperada contra aquellos con los cuales conviven. Las relaciones son sensiblemente limitadas, pues nunca se sabe cuanto su “bondad extrema” va a soportar de una opinión contraria o algo que le desagrade.  
Esas “extrañas bondades” son peculiares de personas que no desarrollan la confianza en sus ideas, intuiciones y vocaciones íntimas. Y nunca se afianzan en sí mismas. No admiten su inseguridad y por eso la agresividad acaba casi siempre controlando sus reacciones.
Pagan por ello un precio fisiológico o sea la somatización de las rabias y fragilidades que mantiene enmascaradas en amabilidad.
Un comportamiento exagerado de un individuo, generalmente significa lo opuesto de lo que el demuestra y confiesa. Los inseguros viven en una especie de “eteronomia crónica” o sea no escogen las leyes que rigen su conducta. Distanciados cada vez mas de una vida autónoma se someten a principios y a personas diferentes de su modo de pensar.

Usar nuestra propia intuición, para guiarnos, tomar cuenta de nuestras sensaciones, emociones y sentimientos, es la llave esencial que nos dará seguridad.

  Irresponsabilidad

“ La madurez del ser humano se inicia cuando cesan sus acusaciones al mundo

Los acontecimientos exteriores de nuestra vida son el resultado directo de nuestras actitudes internas.
Al principio, podemos renegar para similar y entender ese concepto, porque es mejor continuar creyendo que somos víctimas indefensas de fuerzas que no están bajo nuestro control. Efectivamente, somos nosotros mismos  que hacemos nuestros caminos y después los denominamos de fatalidad.
Nuestro modo de pensar atrae nuestras experiencias, pues pensar es un acto continuo de escoger. Evitar no pensar es también una elección. Por lo tanto, somos nosotros que fabricamos las fibras que confeccionarán la textura de nuestra existencia.
Es inevitable para todos nosotros el hecho de que vivimos, invariablemente, escogiendo. La condición primordial del libre arbitro es la elección y, para que podamos vivir, se vuelve indispensable elegir siempre. Nuestra existencia se hace a través de un proceso interminable de elecciones sucesivas.
Cuando seleccionamos un determinado comportamiento cuyo resultado es posible prever, estamos también escogiendo ese mismo resultado y, obviamente debemos aceptar la responsabilidad de tal hecho.
El individuo que no acepta la responsabilidad por sus actos y constantemente crea justificaciones y recurre a las disimulaciones, culpando a los otros, es denominado inmaduro. El ser adulto se caracteriza por el hecho de que el mismo delimita su código de conducta moral, ya alcanzó un cierto grado de independencia interior y hace sus juzgamientos basados en su autonomía.
Ahí aquí un hecho indudable de la vida: la madurez del ser humano se inicia cuando cesan sus acusaciones al mundo.
Los “maduros” ya alcanzan un buen nivel de relaciones consigo mismo y consecuentemente con los otros. Por eso resuelven fácilmente tanto sus conflictos internos como externos. De esa manera, asumen las responsabilidades que les competen y están despiertos para la realidad.
Entretanto, hay individuos que se juzgan perseguidos por un destino cruel y censuran todo en todos, menos con ellos mismos. Rechazan, sistemáticamente, la responsabilidad por sus desventuras, atribuyendo la culpa a las circunstancias y a las personas,  así como no reconocen la conexión existente entre los hechos exteriores y su comportamiento mental. En lo íntimo, esas personas no definen límites en su mundo interior y viven en un verdadero enmarañado de energías desconectadas. Los límites nacen de nuestras decisiones profundas sobre lo que acreditamos son nuestros derechos personales.
Nuestras demarcaciones establecen nuestro propio territorio y determinan las líneas divisorias de nuestro ser individual. Hay un espacio delineado donde nosotros finalizamos y los otros comienzan.
Límites es el portal de las buenas relaciones. Su objetivo es hacernos firmes y conscientes de nosotros mismos, a fin de hacernos capaces de aproximarnos a los otros sin sofocarlos o faltarles el respeto.
Ser responsables es  asumir las experiencias personales, para alcanzar una real comprensión de los aciertos y de los desengaños.
La propuesta del “despertar de las almas” es antiquísima y se encuentra en diversos pasajes del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo, el incomparable divulgador de la Buena Nueva, escribiendo a los Discípulos, así se reporta: “Despierta, tu que duermes, y levántate entre los muertos”.
Despertar entre tanto, es condición inajenable para que alcancemos las verdades trascendentes, reavivando en nosotros la conciencia para los objetivos esenciales de la eternidad. No nos olvidemos, pues, de la evolución de nuestras almas nada crea de nuevo, lo que ella hace es mejorar, progresivamente, nuestra visión sobre aquello que siempre existió.
No existen “víctimas de la fatalidad”. Nosotros somos los promotores de nuestro destino. Somos la causa de los efectos que ocurren en nuestra existencia.
Aceptar el principio de la responsabilidad individual y establecer límites alivia nuestra vida, volviéndose cada vez mas concientes de todo lo que sucede a nuestro alrededor.
Eligiendo con responsabilidad y sabiduría, podremos trasmutar, sin excepción, las amarguras en que vivimos en el momento actual.
La Pena

“La pena no elaborada se vuelve contra el interior del individuo, alojándose en alguno de sus órganos y produciendo somatizaciones notorias en la formación de displasias y tumores”

 Al afirmar: “nadie conseguirá nunca apenarme”, no queremos decir que no damos el debido valor a nuestros sentimientos, que no nos importa nada del mundo y que no valorizamos las criaturas con quien convivimos. Querer “no sentir dolor” puede desensibilizar las compuertas de nuestros mas significativos sentimientos, inclusive alcanzando de forma generalizada, nuestra forma de amar. Muchas veces, queremos representar que poseemos una seguridad absoluta  cuando, en realidad, todos nosotros somos vulnerables de alguna forma. Nuestro estilo de vida, en muchas ocasiones es ilógico y neurótico. El querer vivir una existencia entera desprovista de decepciones e ingratitudes, con aceptación y consideración incondicionales, es desastrosamente irreal.
Es profundamente irracional nutrir la creencia de que nunca seremos traicionados y de que siempre seremos amados y entendidos plenamente por todos.
Por lo tanto, no podemos pasar una vida entera ocultando de nosotros mismos que nunca estaremos apenados. Debemos si, admitir la pena, cuando ella realmente existe, para que podamos resolver nuestros conflictos y perturbaciones de comportamiento.
La manera decisiva de alcanzar el equilibrio interior, es aceptar nuestras emociones y sentimientos como realmente ellos se presentan, pues, dejando de ignorarlos, pasaremos a adaptarnos firmemente a la realidad de los hechos y de los acontecimientos que estamos viviendo.
Lo que no puede ser visto, no puede ser cambiado. Los mecanismos inconscientes, los cuales nosotros utilizamos para engañarnos son en gran parte imperceptibles, principalmente en aquellos que no iniciaron aun el auto-descubrimiento del mundo interior, a través del auto-perfeccionamiento espiritual.
Ignorar el sentimiento de pena, puede muchas veces, parecer un simple olvido natural, pero también podrá ser visto como una actividad psicológica para apartar de nuestro día a día, detalles desagradables que no queremos admitir. Para no tomar conciencia de que quedaremos apenados, simplemente no notamos una serie casi infinita de hechos y efectos que demostrarían de forma segura, al ofensor y la intención de la ofensa. El hecho de ignorar es una defensa que apaga solamente una parte de lo ocurrido, dejando conciente apenas aquello que nos interesa en el momento.
El hecho de crearnos el hábito de desviar la atención como forma de dispersar el dolor de la agresión y de eso funcionar muy bien en determinados momentos expresivos de nuestra vida, manteniendo la pena disimulada, podrá tornarse un estilo de comportamiento inadecuado pues distorsiona la realidad de nuestras relaciones.
La pena no elaborada se vuelve contra el interior del individuo alojándose en determinado órgano, enfermándolo. La pena se transforma con el tiempo en rencor, exterminando gradualmente nuestro interés por la vida y desajustándonos en cuanto a su significado mayor.
La pena es un sentimiento de frustración en el cual la emoción está bajo relativo control de la razón. O de resentimiento, cuando la emoción sobrepasa la razón. O aún, de odio y de venganza, cuando la emoción y la razón ya desencadenan acción y actitud.
Las interpretaciones emocionales de la frustración, dependiendo de la intensidad y de la frecuencia con que son generadas, producen somatizaciones, notorias, en la formación de displasias y tumores. Muchos portadores de cáncer, por ejemplo, son personas en un mínimo apenadas y ese sentimiento genera por inducción o imantación, un campo energético adecuado al desarrollo de la enfermedad. Con las debidas reservas, la mas eficaz vacuna contra cualquier tipo de cáncer, es intentar aprender a perdonar y a relevar las actitudes del prójimo, nada esperando de él, mas allá de lo que él tiene para ofrecernos, compatible con su grado de evolución. Y así no se forman expectativas ni frustraciones seguidas de pena, resentimientos, odios y venganzas que siempre acaban en somatizaciones.
Sentimientos no mueren. Podemos enterrarlos pero a lo mismo continuarán con nosotros. Si no fueran admitidos no serán comprendidos y consecuentemente estarán desvirtuando nuestra visión de lo obvio y del mundo objetivo.
Miedo

Todo aquello que nosotros no admitimos ser, todo aquello que no queremos descubrir dentro de nosotros mismos y lo que no reconocemos como verdadero en nuestro carácter, define lo que podemos llamar de “nuestra sombra”.
 “Sombra” es un concepto junguiano para designar la suma de los lados rechazados de la realidad que la criatura no quiere admitir o ver de si misma, permaneciendo, por lo tanto, olvidados en las profundidades de la intimidad del ser.
Por miedo de ser vistos como realmente somos, nuestras relaciones quedan limitadas a un nivel superficial. Nos resguardamos y cerramos íntimamente, para que podamos sentirnos emocionalmente seguros. Pero en verdad, no nos libramos de nuestro lado rechazado simplemente porque cerremos los ojos para él, porque lo mismo así este lado que no queremos ver, continuará existiendo en la sombra de nuestra estructura mental.
Recusarse a aceptar la adversidad de emociones y sentimientos de nuestro mundo interior, nos llevará a vivir sin el control de nuestra existencia y sin tener en las manos las riendas de nuestro destino. Al asumir que son elementos naturales de la estructura humana en evolución, sentimientos como la indiferencia, la sensualidad, la avaricia, el egoísmo, la dominación, la impetuosidad y muchos otros, ahí entonces estaremos comenzando nuestro trabajo de autoconocimiento, a fin de que podamos descubrir donde erramos y, a partir de entonces, encontrar el medio- término  o sea, no estar en un extremo o en otro.
El acto de arrepentimiento nada mas es el percibir nuestro lado inadecuado. Es admitir para nosotros mismos que identificamos nuestro comportamiento inconveniente y que precisamos cambiar nuestras actitudes delante de las personas y del mundo. El arrepentimiento puede ser visto como nuestra toma de conciencia de ciertos elementos que negábamos, conciente o inconscientemente, proyectándolo para fuera o reprimiéndolo en nuestra “sombra”.
El acto de arrepentimiento es un antídoto contra el miedo. Quien se arrepintió, es porque examinó sus profundidades y descubrió que sus deseos y tendencias nada mas son los impulsos comunes a todos los seres humanos. Quien se arrepintió, es porque aprendió que simplemente es humano, falible y no mejor ni pero que los otros.
El miedo indefinido proviene de la represión de impulsos considerados inaceptables que existen dentro de nosotros, como también de la ausencia de arrepentimiento de nuestras faltas y de la no admisión de nuestros errores, descompensando nuestro cuerpo energéticamente, con el peso del temor y del pánico.
Cuando estamos envueltos por el temor, dejamos de avanzar, eximiéndonos de vivir experiencias interesantes y de actuar en diversas áreas de las relaciones humanas.
Orgullo

“La compulsión de querer controlar la vida ajena es fruto de nuestro orgullo.
 El ser maduro no controla, pero si coopera con el amor y con la libertad de las leyes naturales”.

Para ser buen maestro no es preciso conseguir seguidores o discípulos, ni poseer cortejos o comitiva, sino simplemente hacer que cada ser descubra en sí mismo su propio guía. No debemos dictar nuestras reglas a los individuos, sino hacer que ellos tomen conciencia de sus valores internos (senso, emociones, sentimientos) y pasen a usarlos siempre que es necesario. Esa es la función de los que quieren ayudar al progreso espiritual de los otros.
 
Los individuos portadores de una personalidad orgullosa se apoyan en un principio de total sumisión a las reglas y costumbres sociales, como también las defienden enérgicamente.
 S
e valen de un impetuoso interés por todo aquello que se convalidó en llamar de cierto o equivocado, porque eso les proporciona una ficticia “cartilla del bien” en que al manosearlas puedan encontrar los instrumentos para manipular o dominar y así se sientan ocupando una posición de incuestionable autoridad. Casi siempre se autodenominan de “bien intencionados” y sustentan un áurea de personas delicadas, evolucionadas y desprendidas, distrayendo a los individuos para que no perciban las expresiones sintomáticas que denunciarían sus posturas de severos críticos, policíacos y disciplinadores de conciencias.
La compulsión de querer controlar la vida ajena es fruto de nuestro orgullo. El ser maduro tiene la habilidad perceptiva de diagnosticar los procesos por los cuales la evolución actúa en nosotros, por lo tanto, no controla, sino que coopera con el amor y la libertad de las leyes naturales. Muchos de nosotros convivimos con criaturas que intentan cuidar de nuestro desarrollo espiritual, imponiendo control excesivo y disciplina perfeccionista no respetando entonces, los límites de nuestra comprensión y percepción de la vida. Son “censuradores morales” incapaces de comprender las dificultades ajenas, pues no entienden que cada alma apenas puede madurar de acuerdo con su potencial interno.
No juzguemos, con nuestros conceptos precipitados, las personas y acontecimientos a nuestro alrededor, antes aguardemos con calma y hagamos un análisis mas profundo de cada situación. Actuando así, podremos evaluar mejor todo el contexto vivencial.
Nuestro orgullo quiere transformarnos en superhombres, haciéndonos, sentir heroicamente estresados, induciéndonos a ser custodios y jueces de los métodos de evolución de la vida exitosa y con arrogancia, nominar a los otros como despreciables, ociosos, improductivos e inútiles. Podremos “actuar en el proceso” de formación y progreso de las personas, nunca “forzar el proceso” o criticar su andar.
Comportamientos como la critica moralista, el deseo de reformar a los otros y el control de lo que se debe o no hacer revelan el carácter de los individuos orgullosos y además distanciados de la autentica cooperación en el proceso de evolución, que no los dejan percibir lo que ocurre en la intimidad de las personas.
Nada es inútil en el universo. La divinidad actúa sin cesar a solicitud y consideración de cada una de las personas. El progreso de la humanidad es inevitable. Todos estamos progresando y creciendo aunque algunas veces, no percibamos eso.
Preocupación

“Los preocupados viven entorpecidos en el hoy por querer controlar,
 con sus pensamientos y con su imaginación, los hechos del mañana”

Nuestra percepción, hoy, nos esclarece sobre los hechos de ayer, tal vez sobre los acontecimientos de la semana anterior o posiblemente sobre eventos casi olvidados de años pasados.
Todo ocurre dentro de un perfecto sincronismo tiempo/espacio. No adelanta preocuparnos con nuestro proceso de aprendizaje o con el de los otros, pues, si alguien no esta logrando caminar en la vida convenientemente ahora, es porque le falta algo que hacer o cosas que aprender. En el universo todo obedece a un ritmo natural; las raíces de nuestra evolución corporal/espiritual están arraigadas en íntimas relaciones con la naturaleza. En niveles mas profundos somos parte de ella. En tanto es importante no confundir preocupación con prudencia o cautela. La prevención o el planeamiento para que podamos actuar en un futuro promisorio, son deseos naturales del hombre de buen senso.
En realidad, preocupación quiere decir aflicción e inmovilización del presente, por causa de un supuesto hecho que podría pasar, o también una sospecha de que una decisión podría causar la ruina o  pérdida.
La preocupación excesiva con los hechos en general y con el bienestar de las personas, está basada, en muchas ocasiones, en un mecanismo psicológico llamada “autodistracción”. Las personas preocupadas tienen dificultades de concentración en el momento presente y, por eso, hacen que la conciencia se desvíe del foco de la experiencia para la periferia, esto es, viven entorpecidos en el hoy, por querer controlar, con sus pensamientos e imaginación, los hechos del mañana.
Ese desvío de atención es una búsqueda deliberada de distracción del individuo y una forma de impedirse a sí mismo de ver lo que precisa percibir en su propio mundo interno.
   
Cuando decimos que nos preocupamos por los otros casi siempre nos estamos abstrayendo.

·          De las actitudes que no tenemos coraje de tomar.
·
          De las responsabilidades que no queremos asumir.
·
          De las carencias afectivas que nos negamos a nosotros mismos.
·
          De los actos incoherentes que practicamos y no admitimos.
·
          De los bloqueos mentales que poseemos y no aceptamo

Trasladamos todos nuestros esfuerzos, atención y potencialidades para ayudar proteger, salvar, convencer y aconsejar a nuestros “ compañeros de viajes”, olvidando muchas veces, a propósito o no, que nuestra primera y mas importante tarea es nuestra transformación interior.
Es  indudable que la preocupación jamás nos preservará de las angustias del mañana; apenas colocará obstáculos a nuestras realizaciones del presente.
No podemos ni debemos forzar cambios de actitudes en las personas. En realidad, solo podemos modificarnos a nosotros mismos. Nuestro libre arbitrio nos confiere posibilidades de uso particular con el fin específico de rectificarnos, pero no nos da el derecho de querer modificar a otros.
Creemos, además, que tenemos el poder de exigir a los otros que piensen como nosotros y que podemos interferir en las manifestaciones de aquellos que nos rodean. Por mas queridos que sean no es lícito disuadirlos de sus decisiones y posturas de vida.
Cada uno se expresa durante su existencia, como puede. Así, sus creaciones, deseos, metas y objetivos, son coherentes con su grado de evolución. Cualquier tipo de coacción sobre un modo de ser es una profunda falta de respeto. 
¿Por que condenar a los otros y sus actitudes si el propio “Creador del Universo” dejo libre para decidir? ¿Por que sufrir o preocuparse con eso? Nuestras experiencias de vida no suceden por casualidad. El planeamiento divino nada hace sin un designio provechoso; todo tiene su razón de ser. No es preciso desesperarse ni preocuparse todo sucede como tiene que suceder.
rigidez

Para mejorar las circunstancias de nuestra vida, precisamos transformar nuestros padrones de pensamientos limitadores. Aislándonos dentro de esas fronteras estrechas, pasamos a encarar el mundo de una forma reducida y nos condicionamos a pensar que la vida es una fatal provocación. Así, nunca vivimos intensamente, limitándonos apenas a sobrevivir.
Explorando opciones, diversificando nuestras opiniones, conceptos y actitudes, tendremos expandida nuestra visión, que será la base para actuar con prudencia y maleabilidad ante nuestras decisiones.

La arquitectura de un puente prevé los movimientos oscilatorios, para que su estructura no sufra ningún daño. Las estructuras inmóviles nunca son tan fuertes como las flexibles. Mentalidades rígidas no son consideradas ágiles y rápidas pues nunca están listas para cambiar o recibir nuevas informaciones.
Ser flexible no quiere decir perdida de personalidad o ser voluble, pero sí ser accesible a la comprensión de las cosas o las personas. Existen personas que se mantienen presas durante años a conceptos y creencias paralizantes, que no los dejan avanzar en las diversas áreas de las relaciones humanas, como por ejemplo la política, la social, la afectiva, la religiosa y la sexual.  

Nuestra salud mental está íntimamente ligada a nuestra capacidad de adaptación al medio en que vivimos y nuestro progreso intelectual se expresa por medio de la habilidad psicológica de asociación de ideas.
En la actualidad, los estudiosos de la mente creen que los individuos duros e intransigentes, por no adaptarse a la realidad de las cosas, poseen mayor predisposición para la psicosis. Huyen para un mundo irreal, clasificado como locura. Esa fuga es, por cierto, una forma de adaptación para que puedan sobrevivir en un mundo social que ellos rehúsan en aceptar.

Una de las formas de rigidez de la personalidad es la terquedad. la terquedad es un apego obstinado a las propias ideas y gustos nunca admitiendo insuficiencia y errores.
Convivir con criaturas que están siempre con la razón, es vivir una relación desgastante e insatisfactoria. Casi siempre huimos de esos individuos dogmáticos, incapaces de aceptar un punto de vista diferente al suyo. En esas relaciones, quedamos confinados a la representación del papel instructor-aprendiz, orientador-orientado, maestro-alumno. Solamente escuchamos, nunca podemos expresar nuestra opinión sobre los eventos y las experiencias que compartimos. Las personas tercas son irrespetuosas, por no dar el debido espacio a las diferentes personalidades que existen en los amigos, familiares y demás afectos.
El exceso de rigidez y severidad hace que diseñemos un padrón  mental que influirá en los otros para que nos traten de la misma forma como nosotros los tratamos. Podremos aun en un futuro, provocar en nosotros, un sentimiento de autocastigo, pues estaremos usando para con nosotros el mismo padrón de austeridad y dureza. El arrepentimiento se asocia a la culpa, naciendo de ahí una voluntad de redimirnos por los excesos cometidos, lo que acarrea una necesidad de expiación: el individuo, se complace con el propio sufrimiento. Los excesos de todo género funcionan, en la mayoría de las veces, como disfraces psicológicos para compensar nuestras tendencias interiores. Exageramos posturas e inclinaciones, en las tentativas de simular un carácter opuesto.
Actitudes exageradas de un individuo significan, casi siempre, lo contrario de lo que ellos declaran como por ejemplo:

  Exceso de pudor---compensación de deseos sexuales normales reprimidos.
 
Exceso de afabilidad---compensación de agresividad mal elaborada.
 
Exceso de alimentación---compensación de inseguridad o necesidad de protección. 
 
Exceso de religiosidad---compensación de dudas desmoralizadoras existentes en la inconciencia.
  Exceso de dominación--- compensación de fragilidad y desamparo interior.

  Detrás de todo exceso de rigidez se encuentra la no aceptación de la naturalidad de la vida, fuera y dentro de nosotros mismos.
El Vicio

“ En verdad, viciados son todos aquellos que se debilitan frente a la vida 
y se refugian en la dependencias de personas o substancias”

 El vicio puede ser un “error de cálculo” en búsqueda de paz y serenidad, porque todos queremos ser felices y ninguno, concientemente, busca a propósito vivir en disconformidad, aflicción e infelicidad.
 Precisamos revisar nuestras concepciones sobre los vicios. No podemos entenderlos como una problemática que alcanza, exclusivamente, delincuentes y vagos. En verdad, viciados son todos aquellos que se debilitan frente a la vida y se refugian en la dependencia de personas o sustancias.
Hábitos preferidos se forman a través del tiempo y se sedimentan con repetidas maniobras mentales. Lo que funcionó muy bien en situaciones importantes de nuestra vida, manteniendo nuestra ansiedad controlada y bajo dominio, probablemente será reproducido en otras ocasiones. Por ejemplo si en la fase infantil descubrimos que “cuando llorábamos, luego enseguida mamábamos”, esa actitud mental podrá ser perpetuada a través de un hábito inconsciente que juzgamos irresistible.
La estrategia psíquica pasa a ser: “ cuando tengo un problema, preciso comer algo para resolverlo”. Lo que al principio fue un descubrimiento compensador y benéfico, mas tarde puede ser un mecanismo innecesario, tornándose un impulso neurótico y desagradable en nuestro día a día.
Existen diversos casos de obesidad que surgieron en el clima de hogares donde la madre era superexigente, perfeccionista y dominadora, forzando constantemente al niño a alimentarse, no teniendo en cuenta sus necesidades naturales. Por la insistencia materna, se desenvuelve el hábito de comer exageradamente, perjudicando el desarrollo del sentido interior, que le da la medida de cuando comenzar y cuando parar de comer. La bulimia (hambre insaciable) crea para sus dependientes una barrera que los separa de la realidad, funcionando como una falsa protección y seguridad, pues, ellos construyen un mundo de explicaciones falsas porque no perciben los hechos verdaderos.
Por otro lado, algunos pueden argumentar sobre la acción de los disturbios glandulares o genéticos, pero, así mismo, la causa fundamental de los problemas se encuentra en el psiquismo humano que en realidad, es quien comanda todo el cosmos orgánico. Generalmente la obesidad nace de la falta de coraje para enfrentar nuevas experiencias, es la compensación que a “niño carente”, existente en el adulto, encuentra para sentirse protegido. Paralelamente, encontramos también en la dependencia de la comida, un vicio basado en “el miedo de vivir”. El temor a las pruebas y peligros naturales de la vida, nos puede llevar a una supuesta fuga.
En el caso de las drogas, los individuos con dependencias químicas son criaturas de carácter oscilante, que no desarrollaran la autonomía, viven envueltos en un aura energética de indecisión e inmovilidad, por consecuencia de la propia reacción emocional en desajuste. Postergan las cosas para un día que, tal vez, nunca llegará. Se obsesionan al consumo cada vez mayor de narcóticos, en cuanto desenvuelven actitudes emocionales que los llevan a la subyugación de personas y situaciones.
Los dependientes niegan su miedo y se esconden al costado del camino. No son inútiles deliberadamente, pero se inutilizan, sin percibir el desánimo que sienten, para huir a la decisión de “arremangarse las mangas” y enfrentar la parte que les cabe realizar en la vida. Postergan sistemáticamente sus compromisos, viven de una manera en el presente y dicen que van a vivir de otra en el futuro.
Los vicios o hábitos destructivos son, en síntesis, métodos defensivos que las personas asumen, como una forma inadecuada de promover seguridad y protección.
Así considerando y a fin de profundizar en el asunto, para saber luchar mejor con los llamados vicios humanos, debemos preguntarnos a nosotros mismos:

Como organizamos nuestra personalidad?
Como eran las creencias de los adultos con los cuales convivimos en la infancia?
Que tipos de actos permitimos o prohibimos entrar en ese proceso?
Que línea de conducta nos fueron cerradas, y cuales modelos de vida priorizamos en nuestra organización mental?

Solamente ahí, evaluando detenidamente los antecedentes de nuestra vida, es que estaremos promoviendo un auto-análisis provechoso, para identificar nuestros padrones de pensamientos deficitarios, diferenciando aquellos que nos son útiles, de aquellos que no nos sirven mas. De esta forma, nos liberaremos de las compulsiones desgastantes y de hábitos infelices.

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